¿Ha pasado el tiempo tan rápido de verdad? Tengo la sensación de que la primera semana en el jardín de infancia fue ayer, con todas aquellas mañanas de adaptación, un período que quizás fue más difícil para mí que para mi hija. Ella adoró su jardín de infancia, y sobre todo a su maravillosa maestra. He de admitir que en ocasiones le tuve un poco de envidia. Podía pasar el día entero jugando, cantando y creando cosas con mi hija, y se convirtió en una de las personas del corazón de mi hija. Y también del mío, porque siempre me daba una sensación de tranquilidad, sabiendo que mi hija estaba en buenas manos. Ahora esa temporada despreocupada de juego, descubrimiento y creatividad estaba llegando a su fin, junto con el tiempo de esos regalos hechos a mano, no siempre bonitos pero siempre únicos y especiales.
¿Cuál es el regalo de despedida perfecto para una maestra de infantil?
Tenía la sensación de que se acercaba un cambio verdaderamente importante. Años de familiaridad estaban a punto de terminar. ¿Cómo se agradece de verdad a alguien de una presencia tan generosa y constante? Nos reunimos con los otros padres del grupo, porque queríamos dar algo en conjunto. Pero también tenía que ser algo especial y personal. Investigamos y encontramos, a través de Moments, la posibilidad de hacer grabar nombres individuales en un colgante suspendido de un collar. Pedimos a cada niño que escribiera su nombre a mano en un papel, pues aprender a escribir su nombre era precisamente algo que habían practicado juntos con su maestra durante todo el año. Esos primeros e imperfectos intentos de escritura fueron entonces preservados por el equipo de Moments en dos pequeñas placas grabadas.
El último día en el jardín de infancia
En el último día hubo una maravillosa fiesta de despedida y los niños fueron enviados al mundo más amplio como casi-escolares. Para ellos fue todo enormemente emocionante y estuvieron llenos de energía todo el día. Nosotros los padres, y especialmente nosotras las madres, éramos considerablemente más sentimentales, y las lágrimas vinieron y se fueron más de una vez. Al final, cada maestra se reunió una última vez con sus niños y sus padres en la sala del grupo. Se intercambiaron muchas palabras cálidas y personales, y numerosos deseos sinceros. Como momento cumbre, los niños entregaron juntos el regalo de despedida. Su maestra estaba genuinamente radiante de alegría por el collar.
Gracias, queridos padres de la Kita Pusteblume, por habernos permitido ser parte de esta despedida.